Esta es la historia de cómo un día me convertí en consejero de casi toda persona que se cruzara en mi vida y necesitara ayuda.
Te dejó, volvieron a arreglarse y por cada discusión sobre el clima que tengan, ahora te sentís como un trapo de piso. No salís, no comés, te quedás en tu casa mirando películas, no te reís como antes… Seguramente tampoco cagás. Vivís pendiente del teléfono por si te llama, y si lo hace entrás en un pánico tal que cada bichito que hay en tu cabeza se sumerge en una pileta de drogas y ácidos a tal punto que explota absolutamente todo, convulsionás en el piso y tirás espuma por la boca.
Y yo llegué a tu casa justo ese día. Estabas ahí escupiendo espumita, con los ojos idos y una expresión tierna y psicópata en tu rostro que traumaría hasta a la persona más calma; me traumaría hasta a mí. ¿Y vos? ¿Y yo que? ¿Y vos te querés? Vos te conocés mejor que nadie. Si no te ocupas de vos mismo, nadie lo va a hacer. Es ley esa, querido.
¿Por qué te llamó? ¿De repente hoy se acordó de todas tus cualidades? ¿De repente hoy se acordó de las cosas que te hacen especial como persona? Vos te conocés mejor que nadie. Vos esas cosas las sabés todos los días. ¿Y qué vas a hacer con UN día que el otro se acuerde de esas cosas?
Hubiera hecho todo. Me aguanté meses de amistad muriéndome de ganas de darle un beso, un abrazo, acariciar su piel, oler su perfume… Di sin esperar nada a cambio.
Ya no se qué hacer, hasta pensé en traerle una plantita bonsái del Himalaya. La iba a ir a buscar yo solo. La iba a traer hasta casa, ponerla en una macetita, cuidarla y regarla hasta que estuviera bien linda, entonces ir a tocarle el timbre y dársela con una sonrisa en mi cara. Tal vez un beso si me lo permitía, e intentar pasar. Intentar quedarme esa noche, la siguiente; y tal vez la siguiente… O por siempre. Pero es muy tarde.
Ayer lo vi en un criadero de plantas bonsái del Himalaya. No puedo creer que alguien ya me haya robado la idea. Desde afuera se veía muy lindo, te voy a admitir. En los cuentos de hadas es el final en donde el héroe y la heroína viven felices para siempre.
Esta es la historia de cómo ocupaba todo mi tiempo libre en cualquier cosa, o cualquier otra persona menos en mí. La historia de aconsejar pero nunca aplicar. La historia de cómo estaba mirando desde afuera con mi bonsái en la mano mientras elegía entre cientos de bonsái.
El mio es único. Lo tengo aquí a mi lado ahora. Estoy conmigo mismo en el espejo y con mi bonsái al lado. Me acompaña, me recuerda.
En su obstinación por encontrar a la persona perfecta se quedará solo. Y no se si acompañarlo hasta que se de cuenta, ó acompañar a mi bonsái.
Esta es la historia que no voy a terminar de escribir. Afuera me espera un OVNI, debo ir con mi especie. Yo te puedo aconsejar en muchas cosas lógicas. Cuando vuelva. Dejámelo escrito, siempre vuelvo. Salvo en lo que se refiere a las acciones libres del alma.
Bonnie.- (c)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada